
Y mucho menos cuando decides crear un mundo que desafía lo establecido, que incomoda, que provoca. Clamworld nació del deseo de imaginar una realidad donde las mujeres no solo sobreviven, sino que gobiernan, crean, deciden. Escribir esta novela fue recorrer pasillos oscuros de dudas, pero también abrir puertas a la imaginación más libre y luminosa. A veces, mientras teclean los dedos, tiemblan las certezas. Pero cada palabra que lucha por existir es también una forma de resistencia. Hoy, ver cómo lectoras diversas abrazan este universo me confirma que vale la pena narrar desde los márgenes. Porque ahí, justo ahí, es donde se empieza a escribir el centro del futuro. (+ Pero luego hay que valer)
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