
En Clamworld, ser madre lesbiana es un acto celebrado, libre de juicios, donde la maternidad fluye sin cuestionamientos sociales ni estructuras patriarcales. No hay necesidad de explicar, justificar o esconder el modelo familiar: las hijas nacen en una sociedad que honra la diversidad afectiva desde el origen. En contraste, en el mundo real, muchas madres lesbianas enfrentan aún prejuicios, trámites humillantes y una constante sensación de tener que “demostrar” su validez como familia. El amor existe en ambos mundos, pero mientras en Clamworld florece sin obstáculos, aquí sigue abriéndose paso entre burocracia, discriminación y miedo. Esa diferencia marca no solo la experiencia de criar, sino también la forma en que nos permitimos imaginar futuros posibles. (+ Son cosas de la tribu)
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