Úrsula J.Gilgati

Un refugio para las letras LGTBIQ+

La dependencia emocional no es simplemente un apego intenso, sino un reflejo de una desconexión profunda con uno mismo. Muchas personas encadenan una relación tras otra, incapaces de detenerse a escuchar su propio dolor o reconstruirse en soledad. Este patrón responde, casi siempre, a una autoestima deteriorada y a una necesidad imperiosa de validación externa. (+ Lo que Isabel Preysler nos enseñó sobre los celos)

Según estudios de la Universidad de Granada, las personas con baja autoestima son más propensas a permanecer en relaciones disfuncionales, tolerando dinámicas de abuso emocional o negligencia afectiva. No porque no reconozcan el daño, sino porque temen más a la soledad que al maltrato.

Esta dificultad para romper con lo que nos hiere tiene raíces psicológicas complejas. Muchas veces, una relación tóxica representa algo familiar: el eco de una infancia sin atención emocional, donde el cariño se ganaba con esfuerzo o sumisión. Así, se normaliza la entrega sin límites, el sacrificio constante, la necesidad de complacer para no ser abandonada.

Enlazar una pareja con la siguiente es, en este contexto, una huida. No se trata de amor ni de deseo, sino de evitar el vacío interior. El problema es que sin un periodo de introspección y duelo, se repiten los mismos errores: se elige desde la carencia, no desde la libertad.

Detrás de esta cadena de vínculos fallidos suele haber una mala relación con uno mismo: una voz interior que juzga, que exige, que no perdona. Recuperar el vínculo interno —esa capacidad de estar a solas sin sentir abandono— es la clave para salir del círculo. (+ Navidades lésbicas o cómo sobrevivir al turrón)

Romper con la dependencia emocional no implica cerrar el corazón, sino aprender a abrirlo desde otro lugar. El camino es lento, pero vital. Porque solo cuando dejamos de mendigar amor, empezamos a ofrecerlo de forma sana. Y para eso, hace falta primero reconciliarnos con quienes somos.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Úrsula J.Gilgati

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo