
En el azul del mar Egeo, no muy lejos de la costa de Anatolia, reposa la isla de Lesbos, un territorio que ha sobrevivido a imperios, guerras y olvidos, pero que conserva en su memoria un legado poético que transformó el modo en que el deseo femenino fue nombrado por primera vez. Allí vivió Safo, entre los siglos VII y VI a.C., una de las poetas más célebres de la antigüedad y, sin duda, una de las voces más subversivas que ha dado la historia de la literatura. (+ Safo en Barcelona)
Safo no fue solo poeta: fue maestra, música, sacerdotisa, y fundadora de una escuela para jóvenes mujeres. Desde allí, en Mitilene, componía versos que hablaban del amor, la ternura, los celos y el deseo hacia otras mujeres con una libertad impensable para su tiempo… y también para muchos siglos posteriores. La intensidad de su voz atravesó generaciones. Tanto, que siglos más tarde el término “lesbiana” se asociaría a las relaciones afectivas entre mujeres, en honor al lugar que ella habitó.
Sin embargo, el camino no fue recto. Safo fue censurada, reinterpretada, adulterada. Algunos textos antiguos la retrataron enamorada de un hombre, otros sugirieron que sus poemas eran solo ejercicios retóricos. Incluso su imagen fue banalizada o patologizada en épocas más oscuras. Aun así, fragmentos de su obra sobrevivieron. De sus nueve libros, solo se han conservado parcialmente algunos poemas, rescatados en papiros, citas y cerámicas.
La palabra «lesbiana», entonces, no nace solo de una geografía, sino de una historia de resistencia. En Lesbos germinó una sensibilidad que ha sido reprimida durante siglos: el deseo femenino que no se somete al mandato masculino. El lesbianismo, más que una orientación, se ha convertido en muchas ocasiones en una declaración política, una forma de decir: “mi placer, mi identidad y mi vida no giran en torno a los hombres”.
Es aquí donde se enlaza Clamworld, un mundo imaginado donde los hombres han dejado de ser el centro de la historia. En esta utopía feminista, los vínculos entre mujeres son diversos, potentes y libres. La isla de Lesbos podría ser perfectamente una de las regiones de Clamworld, un lugar sagrado por su simbolismo ancestral, por haber sido el primer bastión poético del amor sáfico. Un espacio de creación, de belleza, de deseo sin culpa.
En Clamworld, como en la Lesbos de Safo, el amor entre mujeres no es transgresión, sino raíz. La herencia de aquella isla atraviesa los siglos para alimentar imaginarios nuevos, para reescribir el mundo desde la ternura, la erótica femenina y la libertad.
Quizás Clamworld no es otra cosa que la revancha de Lesbos. La isla que inspiró el nombre de una orientación sexual proscrita por siglos, regresa ahora como el corazón simbólico de una civilización posible: una en la que las mujeres no solo aman a otras mujeres, sino que se eligen, se celebran y se salvan mutuamente.
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