
En un mundo que presume de avances sociales, la realidad cotidiana para muchas personas LGTBIQ+ sigue siendo dolorosamente hostil. Discriminaciones sutiles, agresiones verbales o físicas, acoso escolar, laboral o institucional… son parte del día a día de quienes no encajan en la norma heterocispatriarcal. En este contexto, la existencia de organismos como el Observatorio contra la LGTBIfobia no solo es importante: es imprescindible. (+ El origen de la LGTBIfobia es una construcción cultural)
El Observatorio actúa como termómetro social y como altavoz. Recoge denuncias, da acompañamiento a las víctimas, visibiliza casos de violencia que muchas veces quedarían silenciados y, sobre todo, genera datos y análisis que permiten entender cómo se reproduce la LGTBIfobia en diferentes ámbitos: educación, sanidad, medios de comunicación, espacios públicos, etc. Esa labor estadística y cualitativa permite hacer presión política y diseñar políticas públicas más eficaces. (+ Si eres victima de LGTBIfobia, denuncia aquí)
Además, el Observatorio tiene una dimensión pedagógica clave. Forma a profesionales, genera campañas de sensibilización y contribuye a desactivar mitos y prejuicios profundamente arraigados. En sociedades donde el discurso de odio gana terreno —muchas veces disfrazado de “libertad de expresión”—, estos espacios se convierten en defensores activos de los derechos humanos.
Quienes niegan la necesidad de un Observatorio así, a menudo lo hacen desde el privilegio. Porque nunca les han gritado “maricón” en la calle, ni les han negado el alquiler por ser una pareja de mujeres, ni han tenido que escuchar burlas por su identidad de género. Para quienes sí han vivido esas realidades, saber que hay una entidad que los escucha, los cree y los acompaña, marca una diferencia inmensa. (+ Salud mental y colectivo LGTBIQ+)
No se trata de victimizar a nadie. Se trata de garantizar que todas las personas puedan vivir con dignidad, sin miedo y con igualdad de oportunidades. El Observatorio contra la LGTBIfobia no solo denuncia el odio: construye comunidad, memoria y futuro.
Mientras haya quien sufra por amar o ser quien es, esta labor será necesaria. Porque callar ante la LGTBIfobia es permitir que continúe. Y porque el silencio, como ya sabemos, nunca fue una opción.
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