
Cada vez que encontramos una camiseta a 3,99 €, nos creemos afortunadas. Un chollo, pensamos. Un capricho sin culpa. Pero pocas veces nos preguntamos cómo es posible que una prenda cueste menos que un café. ¿Qué se esconde detrás de esos precios tan bajos? La respuesta es incómoda: explotación laboral, contaminación y un sistema que beneficia a unos pocos a costa del sufrimiento de muchos. (+ Explorar el espacio… sin conocer el mar?)
La industria de la moda rápida —la llamada fast fashion— ha convertido la ropa en un producto desechable. Se fabrican millones de prendas cada día en países como Bangladesh, India, Camboya o Etiopía, donde las condiciones laborales rozan la esclavitud moderna. Jornadas de más de 12 horas, salarios de miseria, fábricas inseguras y sin derechos básicos. Todo eso para que en el otro lado del mundo podamos llenar nuestros armarios sin vaciar nuestras carteras.
Y no solo es una cuestión social. El impacto ambiental es devastador. La industria textil es la segunda más contaminante del planeta. La producción masiva de ropa genera toneladas de residuos, utiliza sustancias químicas altamente tóxicas y consume miles de litros de agua por prenda. Muchas de esas prendas acabarán en vertederos en menos de un año. De hecho, se estima que el 85 % de la ropa que compramos se desecha antes de los 12 meses.
¿Y por qué seguimos comprando así? Porque el sistema nos empuja. Cambios constantes de temporada, colecciones semanales, presión social y precios engañosamente bajos. Pero lo barato, en realidad, lo paga otra persona, en otro lugar del mundo, con su salud, su dignidad y su futuro.
Comprar con cabeza no significa no comprar nunca, sino hacerlo con conciencia. Elegir menos prendas, de más calidad. Apostar por marcas éticas, de producción local o reciclada. Reutilizar, intercambiar, reparar. Porque cada compra es un voto, y con él decidimos qué mundo alimentamos.
No se trata de vivir con culpa, sino con criterio. De entender que cada camiseta tiene una historia, y que depende de nosotras decidir si esa historia está escrita con explotación o con respeto. Lo barato, cuando lo miras de cerca, casi nunca es un buen trato. Y desde luego, nunca lo es para quien la cose en silencio, al otro lado del planeta.
Deja un comentario