Úrsula J.Gilgati

Un refugio para las letras LGTBIQ+

El deseo de ser madre o padre es, en muchos casos, una experiencia profundamente humana. Nace del amor, del vínculo, del anhelo de compartir la vida y dejar huella. Sin embargo, en las últimas décadas hemos asistido a un fenómeno preocupante: la transformación de ese deseo natural en una especie de necesidad compulsiva que convierte al hijo o hija en un objeto de consumo, una extensión del ego o una solución emocional. (+ Low cost, high daño)

En una sociedad donde todo parece estar al alcance —desde lo más trivial hasta lo más trascendente— la paternidad se presenta, a veces, como un derecho absoluto, desligado de la responsabilidad y del contexto. Se busca “tener” un hijo como se tiene una casa, un coche o un máster. Y en ese proceso, se pierde de vista lo esencial: que un hijo no es una respuesta a una carencia, ni una decoración biográfica, sino una persona completa, con necesidades, tiempos y deseos propios.

Este fenómeno se ve amplificado por un discurso social que idealiza la parentalidad y lo convierte en un imperativo vital. “Si no tienes hijos, algo te falta” parece ser el mensaje. Y así, muchas personas acaban confundiendo el deseo profundo de cuidar, criar y acompañar con la urgencia por “cumplir” con una supuesta plenitud personal. Es aquí donde entran las soluciones mágicas: tratamientos invasivos sin reflexión, vientres de alquiler problemáticamente normalizados, o decisiones precipitadas que ignoran las consecuencias emocionales a largo plazo.

Las redes sociales, además, han amplificado esta confusión. El hijo o hija se convierte en contenido: imágenes, frases hechas, logros escolares convertidos en likes. En lugar de ser sujeto, el menor es objeto: una herramienta para construir una identidad digital o para reafirmar una imagen pública de éxito y ternura.

Es urgente volver a preguntarnos: ¿desde dónde nace el deseo de maternar o paternar? ¿Es desde el vínculo, la entrega y la responsabilidad? ¿O desde una necesidad de llenar vacíos, cumplir expectativas o acceder a una idea de felicidad impuesta?

La maternidad y la paternidad no deberían ser un capricho, ni un bien de consumo, ni una forma de validación social. Son, en su forma más auténtica, un acto de amor radical. Y el amor, por definición, nunca utiliza ni posee: acompaña, respeta y libera.

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