Úrsula J.Gilgati

Un refugio para las letras LGTBIQ+

Cada mes de junio, con la llegada del Orgullo LGTBIQ+, se repite una escena previsible: mientras millones de personas celebran con alegría, visibilidad y reivindicación sus derechos y existencias, un sector de la sociedad reacciona con incomodidad, burla o directamente rabia. “¿Y cuándo es el día del orgullo hetero?”, “¿por qué tienen que ir desnudos?”, “eso no es una manifestación, es una fiesta”. Son frases recurrentes que delatan algo más profundo que simple desconocimiento.

La celebración del Orgullo no es una moda ni un exceso decorativo. Tiene una raíz histórica: nació como conmemoración de la revuelta de Stonewall en 1969, cuando un grupo de personas LGTBIQ+ —la mayoría trans, racializadas y pobres— se levantaron contra la brutalidad policial en Nueva York. Desde entonces, el Orgullo no ha sido solo una fiesta: es una respuesta política y cultural a siglos de represión, patologización y silencio. (+ Invisibles en la pantalla: la heteronormatividad mediática)

¿Por qué molesta? La respuesta corta: porque visibiliza lo que muchas personas preferirían seguir ignorando.

Un estudio realizado por el Pew Research Center en 2023 reveló que, aunque el apoyo general a los derechos LGTBIQ+ ha crecido, más del 30 % de los encuestados en Europa y América Latina cree que las personas LGTBIQ+ “exigen demasiado”. La visibilidad incomoda porque desafía el statu quo. Quien nunca ha tenido que esconder a quién ama o cómo se identifica no percibe la necesidad de celebrarlo públicamente.

Además, el Orgullo rompe con la normativa visual del “decoro”. Cuando una carroza lleva plumas, música alta o cuerpos disidentes, muchos lo leen como una provocación. Pero lo que está en juego no es el volumen de la música, sino la ruptura simbólica de una cultura que, históricamente, ha premiado lo normativo y castigado lo diverso. La queja no es por “exceso”, sino por la irrupción de lo diferente en el espacio público.

Otro factor clave es la falsa percepción de que los derechos LGTBIQ+ ya están garantizados. Sin embargo, según ILGA Europa, en 2024 se han registrado más de 350 ataques físicos contra personas LGTBIQ+ en el continente. La violencia no es del pasado, y por eso la reivindicación sigue siendo necesaria.

La rabia hacia el Orgullo, en definitiva, revela más del que la siente que de quienes lo celebran. Es una resistencia emocional ante la pérdida del monopolio cultural, una reacción frente al avance de otras voces que también quieren —y tienen derecho a— ocupar el espacio público, ser visibles, amarse sin miedo y bailar sin pedir permiso.

Porque lo que molesta del Orgullo no es el ruido, ni los colores, ni la fiesta. Lo que realmente incomoda es la libertad ajena.

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2 respuestas a “¿Por qué molesta tanto el Orgullo?”

  1. Avatar de nescriche
    nescriche

    que buen artículo! Se puede decir más alto pero no más claro. Qué grande eres Úrsula.

  2. Avatar de Úrsula J Gilgati

    Gracias, siempre a ti, por seguirme y comentarme. 💜

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