
Nadie te enseña a masturbarte si eres mujer. A nadie parece preocuparle tu placer, salvo para juzgarlo. Mientras los chicos reciben (de forma explícita o implícita) permiso para explorar su cuerpo, tocarse y hablar de ello con bravuconería o entre risas, a las niñas se les da la orden silenciosa de no mirar, no tocar y, sobre todo, no decir. Desde pequeñas, aprendemos que nuestras manos deben estar ocupadas en otra cosa. En todo caso, bien lejos de la entrepierna. (+ El placer negado)
La educación sexual —cuando llega— está centrada en el miedo. Miedo al embarazo, miedo a las ETS, miedo a «caer». Se habla de protección, de anatomía, de ciclos menstruales. Pero no se habla de deseo. Mucho menos de autoexploración. Masturbarse es algo que, en el caso de las mujeres, simplemente “no existe” en los manuales escolares ni en las conversaciones familiares. Como si el placer femenino solo pudiera llegar de fuera, o como si no debiera llegar nunca.
Y así crecemos: muchas mujeres descubren su propio clítoris tarde, si es que lo descubren. Otras confunden toda su genitalidad con la “vagina” —palabra que sigue ocupando el lugar de la vulva en el lenguaje popular— y no saben identificar de dónde viene el goce. Lo peor es que no es casual. Es estructural. Porque una mujer que conoce su cuerpo y se da placer es una mujer menos controlable, menos dependiente, menos dispuesta a aceptar que su sexualidad sea un instrumento al servicio de otro.
Nos enseñaron a tener vergüenza de algo tan natural como tocarnos. Nos enseñaron que “una chica decente” no hace esas cosas. ¿Pero sabéis qué? La decencia nunca tuvo nada que ver con el deseo. Fue solo otro truco para mantenernos a raya.
Masturbarse siendo mujer no es simplemente un acto íntimo. Es político. Es una forma de romper el silencio. De rebelarse contra una historia escrita por varones que decidieron que el clítoris no tenía ninguna función útil, y por eso podía ignorarse. Es decir: no era útil para ellos.
Y aún hoy, en pleno siglo XXI, con redes saturadas de pornografía, sigue siendo raro que las jóvenes hablen con naturalidad de masturbarse. Porque la cultura pop ha sexualizado la imagen de la mujer hasta la náusea, pero sigue sin dejarle el control del guion.
Es hora de cambiar eso. De hablar del clítoris como lo que es: un órgano exclusivamente dedicado al placer. De nombrar la vulva sin eufemismos. De decir, con todas las letras, que el autoerotismo femenino es saludable, deseable y absolutamente necesario.
Mujer: tócate. Descúbrete. No esperes a que nadie lo haga por ti. Porque tu placer no necesita permiso. Solo necesita tu mano y tu tiempo. Y si te molesta leerlo, probablemente es porque aún no lo has intentado.
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